No acostumbro a hablar de mis lecturas porque se me hace un acto muy pretencioso; es como decir: mírenme, mírenme, soy muy cool porque leo a tal autor o tal novela... o vean cuán intelectual soy porque me la paso leyendo tales libros. Pffft.
Es por eso que nunca presumo lo que leo (salvo con mis más íntimos allegados; como Buda o Jesuscristo o el Santo) basta con saber que leo y que disfruto haciéndolo. Además debo reconocer que hay libros que han cambiado mi forma de ver la vida y el mundo; pero esto suena muy trillado y pretencioso, así que olvídenlo.
Siempre he creído que los libros llegan a nosotros de maneras muy misteriosas y por una razón; como si fueran los portadores de un mensaje secreto que busca ser descifrado por nosotros. Ya sé que muchos van a decir que no tiene nada de misterioso, que simplemente se compran en la librería o en el super o en una gasolinera abandonada. Pero bah, me gusta tener esa idea "romántica" de los libros.
Bueno, el chiste es que por primera vez tengo que hablar de una de mis lecturas, y es porque hubo un párrafo que realmente me impacto, porque se adapta perfectamente a lo que siempre he creído y, por consiguiente, a como siempre he actuado. Es como si el autor hubiera sacado ese pensamiento de la maraña que es mi cerebro y lo hubiera puesto en papel... así de cabrón. Ahora sé que mi teoría no es tan descabellada, y ese libro llegó a mí porque era preciso que lo leyera...
"Ni modo, no había duda que así debían ser las cosas, pues no pierdo la convicción -es lo único que me preserva la salud mental, además- de que las cosas ocurren como ocurren porque exactamente así es como deben ocurrir... No hay más remedio que ceder a los pasos incomprensibles del destino."
Luz Interna de José Agustín.
Para estas alturas las líneas azules tendrían que llegar casi hasta arriba, en cambio no llegan ni a la mitad.
Se fijan, si los organizadores del Nanowrimo pidieran 50 mil caracteres (sin espacios) ya lo habría logrado, ya estaría del otro lado. Y si pidieran 50 mil caracteres (con espacios) estaría más que listo. Pero no. Se fijan en algo tan banal como las palabras y pues así me falta un putero.
